Autenticidad

 Por mucho tiempo fui insoportable para algunas personas, pero no entendía por qué.

  1. No le estoy jodiendo la existencia a nadie
  2. Los trato con respeto
  3. Procuro hacer bien las cosas
  4. No hago chismes, ni los humillo
Entonces, ¿por qué esa fijación en no creer que una persona sea auténtica? Es que esas fueron las respuestas en diferentes etapas de mi vida.

Están tan acostumbrados a tanta gente, ojete, doble cara, traicionera, que cuando una persona es sincera y transparente con ellos, sin buscar ningún tipo de ventaja más que conocerlos y su compañía, parece irreal.

Igual pasa con las llamadas, no siempre que marco a una persona que extraño es porque quiera algo de ella; de hecho, casi nunca es por eso. Porque trato de resolver siempre las cosas con lo que tengo a la mano sin pedir ayuda (uno de mis grandes defectos).

Sé que no hay muchas personas así en el mundo, porque están heridas, porque cargan con un peso del pasado, por muchas razones.

Pero ¿por qué pasarle ese peso y dolor a una criatura que apenas está aprendiendo cómo vivir?

Otro tema… Tenía una compañera en la primaria y otra en la secundaria, llamémoslas Melisa (primaria) y  Karina (secundaria). Bueno, me pasó dos veces que me empecé a peinar de forma muy creativa, pues al día siguiente se peinaba igual que yo.
  • Melisa decía altaneramente que se me veía mejor que a ti, e hizo eso no sé por cuánto tiempo, hasta que dejé de peinarme de una forma particular.
  • Karina era más popular que yo; yo no recibía flores sobre el peinado, pero ella sí lo hacía evidente. Digamos que lo vendía mejor, pero también se vendía mejor conmigo como mi mejor amiga.
Es obvio que tenía un efecto en cómo me percibían; yo viví peleada con mis chinos por mucho tiempo; rogaba a Dios que fuera la única solución que mi mamá me proponía al verme llorar tanto cada que me desenredaban el cabello.

Apenas me hice amiga de una chica en la adolescencia. Era de cabello lacio y se hizo la base. Digo que en la adolescencia todos estamos perdidos, definiendo nuestra identidad.

Yo en este punto ya me había rendido, pero... no entendía qué inspiraba en mí esa competencia con mi género.







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